lunes, 22 de diciembre de 2014

De Nadies no tan anónimos y lástima.

Yo no soy nadie. Seguramente los haya más guapos y más listos y más populares y más todo. Pero dentro de que no reconozca ni yo mismo mis propias virtudes, me reconozco que sé sacar lo mejor de la gente, sé hacerles explotarlo y ser su mejor versión.

Lástima que aún haya gente que se deje manipular, que se deje cambiar y arrastrar a su peor faceta.

Lástima que no te reconozca apenas, que seas como un recuerdo borroso.

Lástima que estés perdiendo lo que te hacía tan especial.

Lástima que ya no seas ni la sombra de lo que eras.

Qué lástima.


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Mother's Journey - Yann Tiersen
https://www.youtube.com/watch?v=picfzpEC4KU

miércoles, 26 de noviembre de 2014

De embriaguez.

Tu risa me ha emborrachado
¡absenta creo que he bebido!
Olvidé que no bebía
y ahora me encuentro perdido.

Quedo postrado en el suelo
donde caí roto, rendido,
esperando que, si acaso,
recuerdes que sigo vivo.



On pourrait comparer l'amour avec l'ivresse, ou non?
Je veux être ivre. Une autre fois.
Me je ne sais pas si ça me rendra bien. Encore.
Allons-y.



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The Hunger Games Soundtrack - Rue's Farewell
https://www.youtube.com/watch?v=C55OjwjKn8I

sábado, 22 de noviembre de 2014

De marcas rojas, vergüenzas y autocondescendencia.

Un golpe fortuito en la cabeza, lo justo como para abrir un piquete ínfimo que rompe la piel fina y sensible del cuero cabelludo para dejar que la sangre mane.

Al principio es sólo un pequeño dolor físico, algo punzante, que hace que te lleves la mano al sitio donde te has dado y maldigas por lo bajo mientras lo frotas con suavidad para mitigar la sensación desagradable que te ha despertado el golpe.

Pero luego notas que vas dejando marcas de sangre por todos lados, que te has apoyado en la puerta del frigorífico para sacar hielo del congelador y has dejado tu mano impresa, como un macabro recordatorio de 'compra pan'. Cierto es que no tienes fobia a la sangre, así que por eso no es problema.

Después, sólo sabes que tu pelo se empapa en sangre, que tus rizos están húmedos y calientes, que gotean al suelo, pintándolo de lunares rojos. Que te corre la sangre por la cara, que la notas en la boca y cerca de los ojos, como lágrimas un tanto dantescas.

Más tarde, que el calor se extiende desde la herida en sí cuando te ayudan a lavarla y se elimina todo resto sanguíneo de tu cabeza, por más que la sangre se empecine en seguir manando como si fuera un surtidor.

Te hacen creer esa sensación de 'no pasa nada, tranquilo'. De que todo es una tontería, porque sólo ha sido un piquete en una zona altamente irrigada, que es más de lo que parece, unos centímetros de piel rasgada.

Pero peor que el dolor físico, llega al final la sensación de vergüenza, dada de la mano con ese sentimiento de indefensión, como que todo lo que te pasa te ha tocado por designio divino, o por karma, o por destino, o simplemente porque sí, te toca y punto. También llegan el hartazgo y el asco, que te remueven por dentro y hacen que quieras vomitar.

Unos centímetros de piel rasgada que te hacen sentir inseguro, pequeño, débil e irrelevante. De valer poco y merecer los golpes. De no ser más que un chico con piel clara y pelo castaño que se ha convertido en un punching-ball por decisión propia y porque no tenía más remedio.

Unos centímetros que te hacen temblar bajo el viento, que te remueve el pelo feroz y tira de esa costra de sangre seca y casi negra que te cubre la herida.




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Cœur De Pirate – Mistral gagnant

jueves, 20 de noviembre de 2014

De caídas, moratones y sonrisas rojas y blancas.

Siempre he encontrado curiosamente fascinante la gente de labios rojos. Pero esos labios rojos naturales, como de haber comido fresas o besado soles hasta quedar en carne viva.
Esos labios rojos que brillan y contrastan con sonrisas blancas. O sonrisas marfil.

También puede ser que me fijo en las más nimias tonterías y descubro cosas que otros no podrían por falta de interés. Porque soy curioso. Absurdamente curioso.

Y como curioso que soy me gusta investigar y descubrir. Buscar y encontrar. Por eso de pequeño siempre estaba husmeando, ávido de nuevas cosas que aprender, de cosas desconocidas, de detalles casi invisibles.

Con tanta búsqueda me descuidaba y me caía. Y con cada caída, me levantaba otra vez, ignorando el dolor de mis piernas o los cardenales que me saldrían mañana. Ponía mi mejor sonrisa de labios rojos y dientes blancos y seguía corriendo.

'¡Ojalá fuese un niño otra vez, Fran!', me dijeron ayer. Ojalá, sí, ojalá.





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Creep - Scala & Kolacny Brothers' Radiohead Cover
https://www.youtube.com/watch?v=axrqVfuGHh0

sábado, 8 de noviembre de 2014

De escalofríos y pieles que duelen.

Notas discordantes en una melodía. Un sostenido en una escala neutra. Un bemol.
Un escalofrío que pone de punta tu alma entera, un suspiro que te hace exhalar todo el aire de tus pulmones. Un ritmo que te levanta el talón y tira luego de él hacia abajo con furia. Un susurro cálido que te roza, ya frío, la oreja. Una vibración que se extiende por el suelo. Un dolor. Un analgésico. Ahogarse en ginebra. Llorar alcohol.

A veces soy tremendamente caótico y seguramente nadie me entienda. Pero yo sí me entiendo... y cómo me gusta.


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Vetusta Morla - Valiente
https://www.youtube.com/watch?v=IpxuZtNb_GY

domingo, 2 de noviembre de 2014

Retales.

Amistad.

Siempre ha sido para mí una palabra complicada. Ya desde pequeño he tenido la sensación de que era algo inherente al ser humano, que no se podía concebir a una persona sin semejantes a su lado, inexorablemente unidos por algo.
Con el paso del tiempo me he ido dando cuenta de que no sólo es que una persona siempre lleve "atadas" a otras, sino que es algo mucho más complejo. Se trata de una relación que entrelaza muchos sentimientos, a veces tan bellos como una sonrisa cada día o tan dolorosos como que la propia amistad desaparezca.
Hace no demasiado llegué a una conclusión quizá muy evidente, pero que no había llegado a comprender: los amigos no son únicamente personas con las que pasar el rato, son una parte de nuestro propio ser, algo que dilucidé gracias a cierta experiencia, bastantes años ha.
Recuerdo que estando en 2º de la ESO, tuve una profesora sustituta de lengua muy tímida, prácticamente recién egresada de su facultad, con más nervios que temario y una sonrisa nerviosa que flaqueaba ante la panda de salvajes que nutría mi clase, contadas excepciones. Sólo unos cuantos compañeros de clase y yo mismo éramos los que atendían a sus explicaciones. Al final de su estancia en mi instituto, me dio algo que me hizo pensar. Se trataba de una tarjeta en la que un monigote dibujado con trazos infantiles tenía un corazón lleno de parches. Al lado del dibujo rezaba una frase que decía algo así como que cuando haces una amistad le entregas un trocito de tu corazón a alguien, y ése alguien te entrega a ti un trocito igual con el que rellenar el hueco. Aquellos que no corresponden a tu amistad dejan un hueco en tu corazón, porque no te devuelven nada que pueda cerrarlo.

A día de hoy, mi corazón está lleno de parches maravillosos. Los parches más antiguos tienen prácticamente mi edad. Son parches geniales, labrados con el tiempo, ganados a pulso. Los hay más recientes, parches que no terminan de casar del todo con el resto, tan nuevos que aún a mí me resulta extraño que estén ahí, ocupando el hueco que dejaron esos cachitos que he ido repartiendo.

Mi corazón es raro, está lleno de retales de otros corazones. Tiene aspecto ajado, roto en algunos sitios por trocitos que faltan, por personas que entraron en mi vida para acabar saliendo sin darme nada a cambio de lo que yo he dado.

¿Pero sabéis qué? No hay corazón más bonito. Porque cada hueco es una lección. Cada trocito, un amigo. Mío, y para siempre.


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To Zanarkand - Nobuo Uematsu
https://www.youtube.com/watch?v=H1JgIg38QBU&feature=youtu.be

sábado, 1 de noviembre de 2014

De nudos en la garganta y dolores de estómago.

Yo puedo contarte las más oscuras historias de amor, de venganza, de guerras y de odio.
Yo puedo susurrarte mil cosas al oído y asustarte, y hechizarte, y romperte en mil pedazos.
Yo puedo tocarte y fundirte y hacerte llorar lágrimas que creen regueros en tus mejillas.
Yo puedo pintarte como un lienzo en blanco con imágenes que quebrantan el ánimo.
Yo puedo decirte tantas cosas...

Enamorarse es doloroso. Terriblemente doloroso. Es una marca que se imprime en tu alma, como un lacre sobre una carta. Enamorarse es odio y amor al mismo tiempo. Es algo carnal, violento y demoledor. Son nueve partes de tristeza con una de felicidad. Es temblar y quebrar, tragar y respirar.

Un inconveniente, al fin y al cabo.
Pero qué inconveniente.


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Loreena McKennitt - The book of secrets' Prologue
https://www.youtube.com/watch?v=p9UMmk-Eyas&list=PL909A255D91AE770C

miércoles, 22 de octubre de 2014

Horizontes 2.0

¿Sabes cual es esa vista que se tiene cuando se baja por una pendiente desde muy alto y alcanzas a ver el horizonte muy, muy lejos, con el sol hundiéndose lentamente?
Es una vista muy bonita, si quieres mi opinión. Es una vista tan dolorosamente real que casi duele de verdad. Tiene una belleza decadente, por así decirlo. Ya sabes, vas viendo cada vez menos paisaje porque vas bajando por esa pendiente, pero aún así tiene... tiene algo. Como esa sensación de vértigo, ese vuelco que te da en el pecho al oír tu nombre inesperadamente, ver a la persona que quieres o mismamente ese algo omnipresente cuando subes a una montaña rusa.

La vida es como una de esas vistas. Va desvaneciéndose poco a poco. Dejamos de ver el sol al final del horizonte, vamos cayendo en la oscuridad.

Pues yo me niego. Yo me bajo de lo que sea que nos lleve cuesta abajo y me subo andando para arriba hasta llegar al tope. 
A sentarme a mirar ensimismado la vida, esa gran diosa ramera (Bart Simpson dixit) que sabe darnos puñaladas traperas y luego sanarlas con una caricia y una risa pícara. A que el sol de poniente me caliente las manos frías y me haga entrecerrar los ojos.
A sonreírle llorando a esa estrella tan grande que nos da calor y luz en la distancia. A respirar tranquilo y decidir si quiero quedarme arriba y no bajar nunca.



A lamerme las heridas y dejar que la vida me acaricie y se ría conmigo.



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Jake Shimabukuro, Bohemian Rhapsody Ukulele Cover
https://www.youtube.com/watch?v=2WBp0b8q8Uo

sábado, 4 de octubre de 2014

Hasta más ver.

Pasó de la indiferencia a empezar a quererle poco a poco y sin prejuicios. De ahí a quererlo de verdad, de querer con todo a alguien por primera vez. Todo por más que no viese una respuesta clara, por más que fuese 1 día bueno y 9 malos. Y sin respuesta clara, le dio igual subir tan alto sin paracaídas porque le importaba y le daba igual el riesgo de la caída y el golpe consecuente.
Y todo lo que no le había dado a él se lo dio a otra persona que sí dormía bien por las noches, y no soñaba con él.
¿Qué le queda al pobre? Una caída libre que acabó en el suelo, duro y frío.
¿Al otro? Un vientre cálido y cómodo.

De las hostias se aprende.
De la gente que te daña se saca fuerza.
Algún día tendré 9 días buenos y uno malo, pero van a ser sólo míos.

Queda agradecerte que me refrescaras la memoria a la hora de acentuar 'sólo' y 'solo'.
Que te vaya bonito.

miércoles, 1 de octubre de 2014

Prrr.

El día ha amanecido bastante encapotado, algo que a una persona normal le parece un tanto deprimente. Pero a Fran no le importa, es más, disfruta del aire frío y el ambiente húmedo, de que el pavimento esté oscurecido al estar mojado, de la gente que se anuda bufandas para repeler el frío o los que se compactan para meterse debajo de un paraguas y huir de la lluvia.
De todas formas hemos dicho que el cielo estaba encapotado, así que ahora mismo no llueve, si bien también hemos comentado que el suelo ya está mojado. El caso es que Fran coge su bicicleta para recorrer las calles del centro de la ciudad. Calles empedradas que a ratos le recuerdan unos sitios u otros.
La verdad es que estos adoquines mojados son más bien peligrosos, así que Fran decidió dejar a un lado la bicicleta y seguir andando. Se ve que ya llegó a su destino, así que la encadena a una farola y la olvida allí, cosa rara en él.
El aire limpio y fresco, el petricor (debido a las geosminas, un alcohol liberado al morir por ciertas bacterias del género Streptomyces que se encuentran en el suelo) y quizá su costumbre de no desayunar hacen que le ruja el estómago. Sin saber cómo, ha pasado cerca de un restaurante pequeñito, más bien un bareto de toda la vida, casí una tasca, y lleva en las manos un bocadillo de jamón serrano con tomate, pero no restregado, no, con rodajitas finas, como se lo hacía su madre desde pequeño. ¡Qué rico que está, madre mía!
A veces en el día a día te pasan cosas curiosas. A Fran le van a pasar varias hoy. Igual que las calles eran empedradas y ligeramente tortuosas y le recordaban a mil sitios distintos, una joven rubia, con un jersey blanco con rayas azul marino y pantalones vaqueros pasa charlando animadamente con su teléfono móvil. Al parecer, y por lo que Fran va entendiendo de su rápida conversación en francés, la muchacha está hablando con una amiga a la que no hay visto en mucho tiempo.
Claro que a Fran no le gusta espiar conversaciones ajenas, pero es que el altavoz del teléfono tiene el volumen tan alto que hasta casi llega a oír la voz de la amiga de la joven del jersey blanco con rayas azules. Y aquí la cosa curiosa: la calle adoquinada resulta desembocar lateralmente en otra callejuela algo más ancha. Casi de frente a ambos Fran ve como se aproxima una joven de pelo castaño que lleva un jersey azul marino con rayas blancas y un vaquero. Y ¡vaya!, resulta que la voz en off que iba escuchando de la conversación por teléfono va haciéndose cada vez más fuerte, hasta el extremo de que las dos amigas se cruzan por aceras opuestas charlando sin darse cuenta que están tan cerca la una de la otra. ¿El tema de la conversación? Los años que llevan sin verse, por una u otra cosa.
Fran no da crédito, así que sólo tiene que toser ruidosamente justo en el momento en que ambos se cruzan para que las dos jóvenes miren al centro de la calzada para conocer el origen del ruido y ¡voilá! Ahí están las dos, abrazadas y riendo como crías, dejando a un lado sus teléfonos móviles.
La verdad es que ha tenido un rol importante. No es que haya hecho nada más que toser, pero ¡la de cosas que ha cambiado con un pequeño gesto!
Es un cumpleaños, o un día importante, o quizá hoy acontezca un evento que marque una inflexión en la vida de alguien, pero Fran quiere pasar a alguna tienda interesante para hojear libros o buscar algún objeto curioso que comprar.
Justo enfrente, tras el encuentro de las dos amigas de jerseys a rayas, ve la tienda que busca. Se trata de una antigua librería eclipsada por una moderna tienda de regalos. La tienda de regalos parece ir bastante bien, así que pasa. Muñecos de acción, extraños relojes futuristas, lámparas de estudio (lo que él llama flexo) de colores con bombillas por todos lados. La tienda es dirigida por un joven bien vestido que simula su falta de humildad con toneladas de risas falsas y un par de litros de colonia cara. Fran decide que no quiere comprar nada y sale de la tienda.
Al lado, como ya ha visto antes, está la pequeña y modesta librería, cosa que no desanima a Fran, su intención era pasar allí después de todo desde un principio. La puerta es de madera, pesada, y a pesar de tener unos goznes antiguos, estos están cuidados con mimo, abrillantados y engrasados para que no chirrien al abrir la hoja. Al pasar, ve que la tienda no tiene una forma regular, sino que tiene recovecos para aprovechar al máximo el espacio. Cada recoveco estaba lleno de libros o de objetos interesantes: pequeñas figuritas de madera pintadas a mano con las que jugaron los niños de los años 40, elegantes relojes de cuerda, de los que se sacó la onomatopeya 'tic-toc', o simpáticas lamparitas con tulipa amarillenta y pie dorado. Esta tienda la lleva un hombrecito mayor de camisa y pelo blancos con tirantes color marfil, pantalones marrones y zapato oscuro. Lleva gafas y sabe sonreír de verdad; la tienda no huele a colonia cara porque ya huele a libros. No está llena de gente, pero tiene la extraña sensación de que aunque no rebose clientes merece mil veces más la visita que la moderna tienda de regalos.
Fran saluda con un 'Buenas' y una sonrisa de esa que te cierra los ojos. El librero saluda igualmente y pregunta si puede ayudarle. Claro que puede. Fran busca algún objeto curioso o libro interesante que regalar, o que comprar para sí mismo (aún no sabe por qué, pero tiene que comprarlo). Resulta que el hombrecito tiene miles de cosas interesantes, cosa que atestigua su ayudante, un hombre alto con camisa arremangada que parece ser su hijo y se encuentra removiendo y colocando cajas al fondo del establecimiento. Como tampoco termina por decidirse, Fran decide mirar tranquilamente por la tienda, declinando finalmente de forma amable el ofrecimiento de ayuda.
Vaya... un libro sería una buena opción. Bueno, ¡es que un libro es siempre una buena opción! Fran mira por entre las estanterías y casi parece decantarse por uno u otro conforme los va mirando, estudiando sus portadas, el grosor o incluso el olor que se filtra por entre sus hojas. Pero no, al final acaba devolviéndolos todos a su lugar en la estantería. Busca algo más concreto. Mira toda la tienda, frustrado, pero no encuenta lo que quiere. Y es raro, porque casi sabe a ciencia cierta que lo que busca está en esa misma sala.
A punto de darse por vencido, el hijo del librero le dice que aún no ha inspeccionado toda la tienda, así que va hacia su zona de trabajo y retira diez pesados volúmenes de una enciclopedia de tapas rojas. Ahí detrás, Fran alcanza a ver algunos libros de poesía, un par de ejemplares de Ancha es Castilla y dos libros de un autor que le sonaba demasiado.
Ahí estaba, sobre una mesa con cristal mirando los dos ejemplares, sin dar crédito.
Comienza a estudiar meticulosamente el primero de ellos. Cubierta blanca con lineas naranjas y marrones a un lado, hojas secas de fondo, letras negras por encima con el título, el autor y una pequeña foto del mismo en la que lleva el pelo largo y chaqueta negra. Vaya. Nada más empezar a hojearlo ve que se trata de un libro de hechos diarios que el autor va volcando sobre papel, así como de recuerdos o pensamientos que al parecer cruzan su mente a menudo, o lo mismo en el instante justo en que atina a estamparlos con tinta o sobre una pantalla.
Su sorpresa fue mayor cuando, echando una rápida ojeada sobre una de las primeras páginas en la que habla de sus amigos, a los que, dice, les dedicará más espacio en páginas posteriores, alcanza a leer Fran, en negrita y cursiva, como el resto de nombres. Vaya, otra vez.
No dice mucho, sólo que es una persona importante, y que hablará de cómo lo conoció en el capítulo 13. Fran mira nervioso a su alrededor, pensando en que los dueños del local pudiesen molestarse porque él se tomase la librería como una biblioteca, pero acaba de entrar alguien más al local, así que el padre va a atenderlos mientras el hijo sigue colocando cajas en el lado opuesto de la tienda.
El capítulo 13 se titula... bueno. La verdad es que no lo recuerdo. Pero sé que hablaba de cabello y ojos. Y ahí, bajo el título, como un fondo casi inapreciable, una foto suya, muy cercana a la cara. Sólo se aprecian los ojos cerrados, las cejas, una nariz respingona, parte del labio, una oreja y un mechón de pelo rizado colgando por delante de su oído. Sí, era el propio Fran.
¡Que alegría se llevó! El hecho de ser lo mínimamente importante como para que escriban sobre él... Porque ya dicen que si un escritor habla de ti, no mueres nunca. Así que ahí estaba, su boleto para la eternidad, en papel reciclado y blanqueado y tinta negra.
Ya sabe qué tiene qué comprar: un regalo, y algo para sí. Ambas cosas y ninguna: un regalo para sí mismo.
La pena es que se echa mano al bolsillo y se ha dejado el dinero en casa. '¡Arrea!', piensa. Mira de nuevo nervioso al padre con su hija que está atendiendo el anciano librero y piensa en si podrá guardárselo para volver más tarde con dinero.

La otra pena es que es ahí cuando me despierto. Vaya sueños raros que tengo, macho.
¡Será que ha empezado octubre!


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https://www.youtube.com/watch?v=LQliMxwKEek

miércoles, 24 de septiembre de 2014

.

Eran dos extraños que se conocían muy bien. Podría sonar contradictorio, pero era tremendamente lógico.
Eran dos extraños que conocían los puntos flacos del otro. Sus miedos, sus problemas, sus sueños, sus anhelos más profundos.
Entre ellos había música. A ratos alegre, a ratos triste, más bien música melancólica la mayor parte del tiempo. Y era como si fuesen dos personas totalmente independientes, danzando en una sala vacía y a oscuras, guiando sus pasos a partir del ruido que hiciesen los del otro sobre la tarima de madera. En esa oscuridad se habían encontrado, habían entrelazado las manos y habían bailado meciéndose lentamente, dejando que se acompasaran sus ritmos, que sus pasos se armonizaran, que tan sólo fuera un único eco el que resonara en el salón oscuro y vacío.
Pero no siempre se baila al mismo ritmo, no siempre es la misma música la que suena en los oídos de ambos. Uno de los dos escuchó otra música discordante que rompía el eco de los pasos de ambos, así que soltó las manos de su acompañante y lo dejó atrás, sin importarle, buscando otras.
Ahí sigue el primer extraño. Dando vueltas, solo, escuchando el eco cada vez más distante de los pasos de su antigua pareja de baile.
Ahí sigue también la melodía perfecta que se escuchó en su día, resonando en el salón vacío, siendo escuchada por nadie. Diluyéndose como una gota de tinta en demasiada agua que acaba por perderse del todo.


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O'Children - Nick Cave
https://www.youtube.com/watch?v=Q9dNZZVnO8k

lunes, 15 de septiembre de 2014

Cartas para nadie II

Querido alguien, 

aún sigo conociendo sin saberlo a qué hueles, de qué color son tus ojos, cómo son tu pelo, tu voz, tu piel o tus manos. Sigo queriendo a todo eso sin haberlo oído, olido, visto, sentido o saboreado. Y sin embargo aquí sigo también quebrándome por dentro y encalleciendo por fuera. Queriendo encontrarte entre toda esa gente para oirte, olerte, verte, sentirte y probarte.  
Aquí sigo queriendo llorarte, suspirarte, gritarte, reirte... de lloverte, nevarte, concentrarte, diluirte. De que me abapulees con solo hablarme, me enciendas, me apagues, me duelas. De dolerte. De sentir náuseas por pensar en no tenerte. De que me tiemblen las piernas y me ría y llore y grite por saberte cerca. 
De... joder, ¡follarte! hasta que el somier se rompa, de que me folles aún estando roto. De ser una misma cosa. De entenderte como algo propio y mío. De mezclar tu sangre con la mía. De compartir, ¡no, de ser! tus penas y tus alegrías. De abrazarte, besarte y quedarme en tu boca, empujarte, aplastarte. 
De que me aplastes, me deprimas, me excites, me arranques un sollozo o un gemido. Me retuerzas, me llenes, me colmes, me deshagas, me empapes, me derritas, me acometas, me embistas. De que me duermas y me sueñes como yo no duermo y me desvelo y te sueño despierto porque no te veo, no te huelo, no te escucho, no te como ni te bebo, no te siento. De que llegues como un rayo en la tormenta y me impactes. De que me electrices, me hieras, me ionices. Me oxides, me reduzcas. De que me gastes, me agotes. 
De sentir que somos un todo. De comprender que eres algo inherente a mí. De saberme necesario, ¡no!, imprescindible, vital, doloroso, placentero.  De ser el ombligo de tu mundo igual que tu serías el corazon del mio. De darte mis emociones, mis pensamientos. De que los ordenes, los cambies, los rompas, los unas. 
De que me ayudes a ayudarme. De hacerte llegar lo todo que me haces cada día en cada instante. De odiarte y adorarte al mismo tiempo y sin término medio. De notarme débil, y fuerte. De asustarme, que te asustes. De que me arañes, me acaricies, me bendigas, me parta. De regocijarme por lo bella y cruenta y retorcida y amable y violenta y dulce que es la vida si la vivo contigo.  
De masticarte, tragarte, subirte, bajarte, abrirte y cerrarte, leerte y escribirte con las palabras más bonitas del mundo. Que tu nombre sea para mí la mejor poesía, un analgésico y un afrodisíaco. Una melodía perfecta, un solo de guitarra, una nota a tiempo, un ritmo que rebota con el latir de tu corazón. Del mío. De los dos. Tu aliento mi aire. Tu calor, mi abrigo. 
De todo, y de nada. De vivirte, y de morirte. 

Pero ¿dónde estas, que no te encuentro? ¿Dónde te escondes, que yo no llego?

Anda, no tardes, que yo te espero.

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The Cinematic Orchestra, Arrival of the Birds & Transformation
https://www.youtube.com/watch?v=MqoANESQ4cQ

domingo, 17 de agosto de 2014

Lágrimas de San Lorenzo.

Tumbarte al sol al salir de la piscina. Decir al mismo tiempo una misma palabra con un amigo o una amiga. La risa floja que casi te ahogas por contener en mitad de clase. El alivio de ver un examen que temías aprobado. Abrazar a alguien que quieres. Llorar de felicidad. Escuchar la música que te gusta. Ver el cielo gris oscuro, anunciando 'agua'. Oír caer la lluvia, abrir la ventana, sentir el aire frío en la piel y oler a tierra mojada. Encontrar una moneda. Tumbarte en la cama recién duchado tras un día agotador. Caer rendido y dormir de un tirón. Viajar. Mirar por la ventana del coche o del tren para observar un paisaje bonito cuando estás viajando. Apreciar por primera vez ese color especial en los ojos o el pelo de una persona cuando le da el sol. Que un perro ponga su cabeza en tu regazo y te mire cariñoso moviendo la cola. Oler un libro antiguo; forrar uno nuevo. Que alguien te sorprenda (para bien). Hacer un regalo que sabes que va a gustar. Ver sonreír a tu madre. Escuchar que todo le va bien a quien te importa. Cerrar un capítulo difícil de tu vida. Que te elijan sobre otras personas para contar un secreto importante. Que tu padre te diga adiós con la mano al irte con la bicicleta desde la terraza. Vivir en un sitio bonito. Descubrir cosas que guardaste cuando tenías 8 años. Que cuando eras pequeño tu hermano pidiese pizza para cenar los dos cuando tus padres se iban de noche. Ver fotos antiguas; hacerte una y salir bien. Encontrar la sombra en pleno agosto. Acabar un libro que te ha gustado sólo para comenzar la continuación ávido de nuevas historias. Tocar una nota vibrante con la guitarra apoyada contra el pecho y que resuene en tu propia caja torácica. Sentir empatía hacia una persona, o varias. Limpiar un espejo. Comer tarta. Escuchar cantar a esa vecina que tiene una voz tan bonita. Oír cómo cambia de piñón el cambio de tu bici y encaja a la perfección. Oír cesar el goteo de un grifo. Colgar un cuadro y que quede recto y en armonía con el resto de cosas. Encontrarte con alguien a quien no ves desde hacía mucho. Aprender idiomas. Resolver una duda o problema a un amigo. Que te hagan un cumplido. Jugar en la calle. Respirar hondo tras hacer ejercicio. Arreglar algo roto, coser algo descosido. Dar un sorpresa. Que te hagan cosquillas, y hacerlas. Andar descalzo. Bailar sin obedecer ninguna regla. Saltar al agua. Dormirte acunado. Acariciar algo suave. El ruido de la lluvia sobre tu paraguas. La satisfacción de un trabajo bien hecho. Una alabanza. Un beso de esquimal. Regar una planta. Tu comida favorita. Ver anochecer en el mar. Pedir un deseo a las perseidas...

Pedir un deseo a las perseidas, mirar al cielo inundado de estrellas y saberte una cosita insignificante observada por miles de soles que parpadean distantes en la lejanía, y consciente de que en el fondo estás pidiendo un deseo a un meteorito, un cometa, que obviamente va a hacer oídos sordos a tu petición, porque no puede oírte.

A día de hoy, lo último lo he cumplido también. ¿Mi deseo? Si lo digo no se cumple.


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Comptine d'un autre été - BSO Le fabuleux destin d'Amélie Poulain
https://www.youtube.com/watch?v=H2-1u8xvk54

martes, 24 de junio de 2014

Pouring with rain.

Volvía a casa por el camino de siempre. El cielo iba oscureciéndose, comenzaba a chispear y hacía fresco, pero se sentía con ánimos como para seguir andando hasta desfallecer, como para dejar que sus piernas siguieran moviéndose hasta que ellas mismas pusieran el límite. Después de tanto tiempo encerrado entre cuatro paredes y en sus propios pensamientos se sentía como un pájaro sacado de su jaula, torpe, y aún así deseoso de alejarse de su prisión y marcharse lejos.
Aún a sabiendas de que podría empezar a arreciar la lluvia en breves, giró a la izquierda en vez de a la derecha y continuó andando calle abajo, en dirección contraria. Tan sólo unos pasos más adelante el cielo se quebró y comenzó a llover.
Pero le importó bien poco, se quitó las gafas, las guardó en la mochila y siguió andando tan tranquilo, dejando que el agua lo fuera mojando poco a poco.
Llegó el momento en que comenzó a diluviar, como si el cielo mismo quisiese castigar a la tierra. El paseo quedó en nada y sus piernas decidieron que querían moverse sin ataduras, así que empezó a correr, sin mirar atrás. Los transeúntes se refugiaban en los portales de las tiendas y bloques de pisos, y lo miraban raro, como si estuviese loco (quizás lo estuviera, pourquoi pas?), pero era otra cosa que le importaba más bien nada. El agua lo calaba como una bendición, casi podía sentir que lo diluía hasta hacerlo invisible, que corría bajo una cortina gris fría y limpia.
En ese momento, era él. Sus preocupaciones se habían escurrido con la lluvia. Sus miedos se habían borrado como si de manchas se tratasen. Poco importaba el estar mojado hasta los huesos, que la ropa empapada se le pegara al cuerpo, el pelo le goteara desde la frente o que el propio suelo resbalara con los regueros de agua que iban calle abajo, que sus pies salpicaran miles de gotitas cuando pisaba con fuerza.

En ese momento, era él. Simple y llanamente.


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Ashitaka Sekki - BSO La princesa Mononoke
https://www.youtube.com/watch?v=sn6nRTIHaos

domingo, 18 de mayo de 2014

Digital ink.

'A mí no me gusta la gente perfecta. Yo busco alguien imperfecto que arregle en lo que yo fallo. Y yo poder arreglar lo que falla en él'.
Yo tampoco quiero enamorarme de alguien, sin más. Quiero enamorarme de una idea, y que esa idea sobreviva en el tiempo. Una idea no envejece.
Yo quiero abrazar a ese alguien. Pegarme tanto que no quepa ni un alfiler entre los dos. Acompasar sus latidos con los míos, la respiración. Cerrar mis brazos detrás de su espalda. Acunar mi cabeza en su hombro y oler su cuello (un TOC de los míos, si no no sería yo).

Algún día, espero que ese alguien aparezca y me ponga todo patas arriba, pero para bien. 
Que quiera levantarme de la cama de un salto y sonreírle al mundo desde bien temprano en vez de levantarme tarde y con desánimo. 
Que quiera reírme con la más nimia tontería que me digan, aunque no haga tanta gracia. 
Que sienta esa necesidad de arreglar las cosas con aquel amigo o aquella amiga con la que reñí por una tontería (o no tan tonta), porque tanta felicidad tendría que me sentiría egoísta si no la compartiera.
Que me sienta fuerte y pleno, y lleno de fuerza, presto a hacer cualquier cosa.
Que sea feliz. Sin necesidad de nada material más que otra persona que me complemente. De esa clase de felicidad que te venden y te dices que existe pero que no crees que puedas sentir porque tu suerte lleve años resentida (los hay que nacen con suerte; luego están los estrellados).
Que te den la oportunidad de dar todo lo que tienes dentro, de hacerle saber que contigo nada le va a pasar si de ti depende, que aunque tengas el genio de un gato enclenque te puedes volver un león muy bruto con tal de que esté bien.
Que le pueda hacer saber cada día, en cada momento, con cada detalle, que aún quedan románticos de ésos que dicen que están extintos.

Que tire de mí si no me levanto... o que tire de mí para que no me levante.
Que se ría con la sarta de chorradas que sé decir por minuto, porque también disfrute esa felicidad que yo sienta.
Que se sienta igual o más fuerte y pleno de lo que yo estoy, para que yo no haga ese camino solo y sepa que tengo a alguien al lado, para empujarme si me canso o decirme que descansemos si no puede llevar el ritmo.
Que tenga la oportunidad de darme lo que tenga dentro y de conocer lo que yo tengo.
Que sepa cada día, en cada momento, con cada detalle, que por lo menos sí que queda un romántico de ésos que están extintos, y que lo tiene al lado.

Y enamorarme de esa idea.


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Amélie, gracias por darme música genial con la que poder escribir.
https://www.youtube.com/watch?v=H2-1u8xvk54

martes, 25 de marzo de 2014

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Él peinaba el viento con los dedos.

La ciudad era enorme, desde luego, una urbe oscura que intentaba no dejarse comer por su falta de luz invirtiendo ingentes cantidades de dinero en alumbrado público. Tan monstruosamente grande era la ciudad que, a pesar de hallarse en un llano sin fin, apenas se podía discernir el final de ésta desde las alturas.

Y Él no era menos. No alcanzaba desde uno de los edificios más altos a ver sus límites, lejanos, ya carcomidos por la oscuridad que la luz de las farolas no llegaba a vencer. El corazón de la ciudad permanecía más brillante, pero con esa luz mortecina que indica el final de algo.

Y para Él olía a mar, porque no había nada capaz de desviar los vientos que azotaban la ciudad, y el aire traía olor a agua, y a salitre, y a sal. Y si cerraba los ojos y olvidaba el ruido de los coches y el ajetreado bullicio muchos metros abajo, casi podía oír el arrullo de las olas, casi sentir el tacto de la arena haciéndole cosquillas en las plantas de los pies.

Desde lo alto de su edificio, sentado, con las piernas colgando en el vacío, pero firmemente aferrado a la baranda del ático, miraba como esa oscuridad se iba comiendo lo que lo rodeaba, como tanta luz artificial no valía para nada en esa noche eterna que los engullía.


Y seguía peinando el viento con los dedos.



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The Essence Of Silence - Epica
https://www.youtube.com/watch?v=oePrtEMmX9Y

domingo, 9 de marzo de 2014

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Es como vivir en un continuo estado semi-depresivo. Tienes días de risa, que todo te da igual y con la más mínima tontería sonríes. Y luego tienes días en los que te sientes como deshecho, joder, incluso roto. Que todo te da igual, pero en cuanto te tocan un poco la fibra es como un interruptor; te hundes. 

Imagina vivir así. Como si andaras sobre un cable y debajo no hubiera nada, pero que cuando parece que vas a caer resulta que estás atado a ese cable y no llegas al fondo. Te vuelves a subir como puedes, y ale, a seguir andando. Pero casi eso es peor que caer, porque al fin y al cabo si caes de una, ya no hay más que decir. Pero si no haces más que tener un sobresalto detrás de otro, y aunque estás en el abismo sigues amarrado al cablecito de las narices... sí, es peor que caer.

¿Sabes? Tengo ganas de llorar. De llorar y limpiarme por dentro. Pero no puedo. Aunque lo intente. Es como si estuviera seco. Y al mismo tiempo sé que estoy a rebosar de lágrimas. Pero no, no salen.
No salen.

domingo, 2 de marzo de 2014

Un poco.

Ya desde pequeño era una persona cariñosa. No una persona de saludar educadamente a alguien cuando la ocasión lo requería, sino una persona de atravesar corriendo media calle para dar un abrazo o un beso a un conocido, a un familiar. Siempre he creído que ser simpático o demostrar afecto es algo gratuito pero que reporta grandísimos beneficios. 
Y por eso mismo siempre lo he hecho. Nunca me ha costado prácticamente nada dirigirle a quien sea una sonrisa, o una mueca, o una broma, o un mero comentario de aliento, un algo que pudiese mejorar en lo más mínimo siquiera el estado de humor de ese alguien.
Pero no por ser tan de 'sonrisa gratuita' el complejo tema del afecto me resulta banal o sin valor. Tengo una disposición aterradoramente fácil de adoptar en la que quiero con todo, de una forma desinteresada. De esos amores de película en los que uno da la vida por otro sin casi importarle (obviamente espero que nadie me pida que dé mi vida por la suya, porque como me pillen a buenas lo mismo voy y me mato, de lo inútil que soy).
¿Pero por qué soy yo así y no obtengo respuesta? ¿Porque lo hago porque quiero? ¿Acaso me tengo que ver obligado a hacerlo para que cuente como un sacrificio y pueda tener mi peculiar 'recompensa'? ¿Y si hacerlo queriendo es ya un sacrificio? ¿Por qué, joder?

No me cuesta querer. Y si quiero lo hago bien. Y si lo hago bien, soporto lo que sea, como sea y cuando sea. No me importa nada. Porque quiero. Con todo. Y lo hago de verdad, como en las películas.

Pero quiéreme un poco de vuelta. Un poco.
Hasta entonces, aquí sigo. Como siempre. Y de puro inútil, para siempre que haga falta.



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I see fire, Ed Sheeran (BSO El Hobbit)
http://www.youtube.com/watch?v=mllXxyHTzfg

martes, 4 de febrero de 2014

¿No te pasa?

¿No te pasa nunca que quieres respirar muy hondo pero tu caja torácica parece impedirte que lo hagas, que te constriñe los pulmones, como... encarcelándote?


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BSO El último mohicano
https://www.youtube.com/watch?v=O5tUNf5OEo8

lunes, 3 de febrero de 2014

Mine.

No sabía ni la hora que era, de lo que sí estaba bien seguro es que era de madrugada, no se oía ni un alma. Se levantó despacio, casi renqueando, de la cama. Hacía fresco, pero no lo suficientemente frío como para que fuera desagradable. Se calzó sus pantuflas y salió de su cuarto despacio, sujetando el pomo de la puerta para que no hiciera ese chirrido de siempre. Solo tenía que cruzar un tramo minúsculo de pasillo para ir al baño. Pasó, y cerró la puerta suavemente tras de sí. No se molestó en encender la luz porque esa noche había luna llena, y el baño entero estaba tenuemente iluminado, lo suficiente para que sus ojos, acostumbrados a la oscuridad, viesen casi tan bien como si fuese de día, pero con ese toque mortecino, frío y al mismo tiempo acogedor que solo sabe dar la luna. Se lavó la cara con el agua que salía del grifo. Lo cerró, agarró como pudo una toalla y se secó. Y ya que estaba se acercó un poco más a la ventana, que tenía la persiana subida. Solo miró a través un instante, el justo para entrever el cielo, de un azul marino pálido, las estrellas que podían verse aún con la contaminación lumínica de la ciudad, y esa luna blanca, tan redonda y tan brillante que bañaba todo lo que había bajo ella con su prístina luz.


No sabía ni la hora que era, de lo que sí estaba bien seguro es que se le quedaron los brazos helados de estar apoyados en el alféizar, de estar mirando embobado usando las manos como estante para su mentón las estrellas lejanas, la nieve blanca de la sierra, de dejarse bañar él mismo por la luz de la luna, de respirar. De sentirse en paz con el mundo desde su pequeño rincón en el sur del país, desde su ventana en el pequeño cuarto de baño.


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I am hers, and she is mine
OST Game of Thrones
https://www.youtube.com/watch?v=fNDJIxMB2yQ

lunes, 20 de enero de 2014

Embers.

No era más que un rescoldo de lo que fuera. De niño era juguetón, cariñoso, dispuesto a reír y hacer reír a los demás, atento, curioso y soñador. En realidad lo seguía siendo. Claro que, por avatares del destino, era juguetón, cariñoso, un poco payaso, atento y curioso cuando estaba rodeado de gente. Lo usaba como un mecanismo de protección, como una forma de dar a entender a la gente que él era así, que estaba ahí para ayudar a los demás, para alejar sus problemas y alegrar la vida de las personas, en la más ínfima de las maneras, con una risa diaria.

Pero ya no era soñador. Nunca. No se lo podía permitir. Y cuando se quedaba solo se quitaba la careta. Y ya no era tampoco juguetón, ni cariñoso, ni payaso, ni atento, ni curioso. Era eso, un rescoldo de lo que fuera, como esas brasas en un brasero que llevan mucho tiempo ardiendo y que acaban por consumirse, quedándose frías y apagadas.



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Tiendo a hacer muchos símiles con temperaturas. Me anoto eso.



I see fire - The Hobbit OST, Ed Sheeran
http://www.youtube.com/watch?v=mllXxyHTzfg

viernes, 3 de enero de 2014

Pouring.

Igual que la sangre corría, caliente y espesa, por sus venas, las nubes se iban moviendo veloces con el viento, acumulándose encima de él. Sentía esa opresora sensación previa a los chaparrones de verano, ese calor antinatural que parece emanar del suelo, que es casi visible a simple vista como ondulaciones en el aire.

Porque sentía calor. Un calor maravillosamente real que le recorría desde la punta de los dedos de los pies hasta la nuca, un calor que seguía subiendo y se escapaba de él, uniéndose al del ambiente.

Las nubes se seguían amontonando, creando un efecto invernadero aún más acentuado, atrapando cada mínimo rayo de sol que lograra traspasar la cobertura del cielo. Y por más que la temperatura siguiese subiendo, esas nubes anunciaban lluvia. Una lluvia que iba a limpiarlo y refrescarlo, de fuera hacia dentro.

Se quedó parado, alzó la cabeza hasta que vio las nubes y sonrió insulsamente. El cielo estaba oscuro, pero no eran más que las cuatro de la tarde. Con un crujido, como si el cielo se rompiera, millones de frías y cristalinas gotas de agua iniciaron su caída libre desde los cumulonimbos.


Y sonrió aún más insulsamente, porque ya lo decía una de sus canciones favoritas, ‘and I'm still waiting for the rain to fall / pour real life down on me’. Y siguió sonriendo hasta que se puso a reír a carcajada limpia, dejando que la lluvia le limpiara y lo refrescara, pero de dentro hacia afuera.





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Scala & Kolacny Brothers - Creep (Radiohead cover) 
http://www.youtube.com/watch?v=axrqVfuGHh0