Eran dos extraños que se conocían muy bien. Podría sonar contradictorio, pero era tremendamente lógico.
Eran dos extraños que conocían los puntos flacos del otro. Sus miedos, sus problemas, sus sueños, sus anhelos más profundos.
Entre ellos había música. A ratos alegre, a ratos triste, más bien música melancólica la mayor parte del tiempo. Y era como si fuesen dos personas totalmente independientes, danzando en una sala vacía y a oscuras, guiando sus pasos a partir del ruido que hiciesen los del otro sobre la tarima de madera. En esa oscuridad se habían encontrado, habían entrelazado las manos y habían bailado meciéndose lentamente, dejando que se acompasaran sus ritmos, que sus pasos se armonizaran, que tan sólo fuera un único eco el que resonara en el salón oscuro y vacío.
Pero no siempre se baila al mismo ritmo, no siempre es la misma música la que suena en los oídos de ambos. Uno de los dos escuchó otra música discordante que rompía el eco de los pasos de ambos, así que soltó las manos de su acompañante y lo dejó atrás, sin importarle, buscando otras.
Ahí sigue el primer extraño. Dando vueltas, solo, escuchando el eco cada vez más distante de los pasos de su antigua pareja de baile.
Ahí sigue también la melodía perfecta que se escuchó en su día, resonando en el salón vacío, siendo escuchada por nadie. Diluyéndose como una gota de tinta en demasiada agua que acaba por perderse del todo.
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O'Children - Nick Cave
https://www.youtube.com/watch?v=Q9dNZZVnO8k
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