6 de enero de 2013
El cuerpo humano puede experimentar incrementos de temperatura, asociados en muchas ocasiones a descargas hormonales. Durante esas descargas hormonales, y con esa subida de temperatura, se incrementa el ritmo cardíaco, es decir, se producen taquicardias rítmicas que hacen que el corazón lata más rápido, bombeando sangre a mayor velocidad, haciendo que los vasos sanguíneos se dilaten y dejen pasar esa sangre más rápidamente y en mayores volúmenes. Todo ello va inevitablemente unido a que todo el sistema trabaje más rápido. Es como una prenda de vestir, cuanto más uso le das, más la desgastas, más raída se vuelve.
El cuerpo humano puede experimentar incrementos de temperatura, asociados en muchas ocasiones a descargas hormonales. Durante esas descargas hormonales, y con esa subida de temperatura, se incrementa el ritmo cardíaco, es decir, se producen taquicardias rítmicas que hacen que el corazón lata más rápido, bombeando sangre a mayor velocidad, haciendo que los vasos sanguíneos se dilaten y dejen pasar esa sangre más rápidamente y en mayores volúmenes. Todo ello va inevitablemente unido a que todo el sistema trabaje más rápido. Es como una prenda de vestir, cuanto más uso le das, más la desgastas, más raída se vuelve.
Por contra, el frío ralentiza el ritmo metabólico de las células del cuerpo, es decir, estas funcionan más lentamente, realizan los procesos básicos con el gasto mínimo de energía, lo que conlleva que la prenda de vestir no se gasta, permanece casi impoluta. Así, el propio ser humano se conserva mejor. Atendiendo al aspecto de una persona que viva en los trópicos o en los polos con una que viva en el Ecuador, y suponiendo una calidad de vida afín, prácticamente siempre encontraremos a una persona, por ejemplo, con una piel más tersa con sesenta años que viva en Noruega a otra persona de la misma edad residiendo en Indonesia.
El calor, por tanto, si bien no envejece, no contribuye a mantenerse joven, en tanto que el frío sí lo hace. El frío conserva. Como sea, lo que sea.
La carne humana es materia orgánica y, como tal, arde.
Como en el cuento de Andersen de El soldadito de plomo, la bailarina y el soldado se consumen en el fuego. Juntos. De ella queda un broche, ennegrecido. De él, un trocito de plomo con forma de corazón.
Quien ardiera.
~
Joaquín Rodrigo, Concierto de Aranjuez (Adagio)
http://www.youtube.com/watch?v=X6NcN4pueMc