lunes, 9 de diciembre de 2013

'El fuego consume, y el frío conserva', o '0 Kelvin'. Rescatando borradores I

6 de enero de 2013

El cuerpo humano puede experimentar incrementos de temperatura, asociados en muchas ocasiones a descargas hormonales. Durante esas descargas hormonales, y con esa subida de temperatura, se incrementa el ritmo cardíaco, es decir, se producen taquicardias rítmicas que hacen que el corazón lata más rápido, bombeando sangre a mayor velocidad, haciendo que los vasos sanguíneos se dilaten y dejen pasar esa sangre más rápidamente y en mayores volúmenes. Todo ello va inevitablemente unido a que todo el sistema trabaje más rápido. Es como una prenda de vestir, cuanto más uso le das, más la desgastas, más raída se vuelve.

Por contra, el frío ralentiza el ritmo metabólico de las células del cuerpo, es decir, estas funcionan más lentamente, realizan los procesos básicos con el gasto mínimo de energía, lo que conlleva que la prenda de vestir no se gasta, permanece casi impoluta. Así, el propio ser humano se conserva mejor. Atendiendo al aspecto de una persona que viva en los trópicos o en los polos con una que viva en el Ecuador, y suponiendo una calidad de vida afín, prácticamente siempre encontraremos a una persona, por ejemplo, con una piel más tersa con sesenta años que viva en Noruega a otra persona de la misma edad residiendo en Indonesia.

El calor, por tanto, si bien no envejece, no contribuye a mantenerse joven, en tanto que el frío sí lo hace. El frío conserva. Como sea, lo que sea.

La carne humana es materia orgánica y, como tal, arde.

Como en el cuento de Andersen de El soldadito de plomo, la bailarina y el soldado se consumen en el fuego. Juntos. De ella queda un broche, ennegrecido. De él, un trocito de plomo con forma de corazón.

Quien ardiera.

~

Joaquín RodrigoConcierto de Aranjuez (Adagio)


http://www.youtube.com/watch?v=X6NcN4pueMc

sábado, 7 de diciembre de 2013

Frío y calor.

Abrió lentamente un ojo, dejando que la luz del día inundara su iris azul poco a poco hasta que su pupila no era más que un pequeño recodo oscuro de nuevo.
Se desperezó, removiéndose a sí mismo el ya de por sí despeinado pelo. Buscó a tientas con el pie su zapatilla de estar por casa, se calzó ambas, no sin esfuerzo, y se levantó con un quejido, reticente a abandonar las cálidas sábanas para enfrentarse al frío.
Se lavó la cara, como siempre, conteniendo los escalofríos que le causaba el agua que salía por el grifo, casi tan cortante como un cuchillo. Intentó poner orden en su cabeza, pero su pelo estaba como siempre, cada mechón tenía voluntad propia. Era una batalla perdida de antemano.
Después de cambiarse fue andando despacio y frotándose las manos para calentarlas a la cocina. Cogió su taza ultramar, la misma tras todos estos años, la llenó de leche y la puso dentro del microondas. <<Dos veces al botón de '+30'>>, pensó, como de costumbre. Con un minuto bastaría, al menos, para dejarla a temperatura ambiente.
Cogió lo primero que vio entre las galletas y la bollería y se acercó despacio a la ventana. Era un día típico de diciembre en casa: cielo despejado, temperatura rozando el cero. Todo tranquilo. 
Dejó que su mirada vagara por los tejados que se extendían ante él, y abrió un poco más la ventana, permitiendo que se enfriara aún más la cocina. El sol le daba de lleno en la cara, pero aunque sus pupilas prácticamente habían desaparecido, estaban ahí.
Pasó el día sin altibajos, sin pena ni gloria.
Llegó la noche, se dio la ducha de siempre, con agua muy caliente, se puso el pijama y se metió en la cama, que tardó poquísimo tiempo en amoldar a su temperatura. Porque él entero estaba frío, como el aire fuera de su cama. Más aún que el aire de la calle. Y sus pupilas habían vuelto a engullir su alegre color azul.
Como siempre.


***


Burn, The Pretty Reckless
http://www.youtube.com/watch?v=LlA5GZLbSCY

sábado, 30 de noviembre de 2013

Cuando llegue diciembre...

12 meses tiene el año. Siempre, mentalmente, me he imaginado cada mes como su nombre, con una fuente distinta y con distintos motivos alrededor. Diciembre es el más sencillo de todos. Una única palabra con una caligrafía elegante, rodeada de blanco y gris. El mes más puro, el más sencillo. No necesariamente el más frío, pero el mes que clausura un año, el que le da sentido a todo lo vivido los 11 meses anteriores. Pues, ¿qué sentido tendría hablar de un período de tiempo denominado año si no lo limitamos, si, sobretodo, no se le pone un fin?

Diciembre era, es y será mi mes favorito del año, el recopilatorio, pero no como el de los discos de grupos olvidados, con las mismas canciones de siempre, sino como el resumen en el que debemos leer todo lo malo y lo bueno que ha pasado, para evitar cometer los mismos errores y anotar cómo hicimos ésas buenas cosas para repetirlas una y otra vez.

Diciembre, el mes de recordar todo lo vivido, tanto reciente como antiguo. Ya lo decía la canción en la famosa película de la 20th Century Fox (que no de Disney, craso error que todo el mundo comete): 'cuando fue, no murió, como fuego que prende. Volverá esa voz cuando llegue diciembre'. 

Pues eso.


***


Una vez en diciembre, Anastasia OST

sábado, 16 de noviembre de 2013

Solo rio.

Él seguía corriendo por la ladera, dejando que el esmerado e intrincado zigzag de sus trenzas se deshilachara al viento, hasta soltarse por completo, liberando su pelo, que bramó, furioso, con la embestida del aire. Rubio con reflejos rojizos, como fuego.
Sus pies descalzos hollaban la tierra con fuerza y con determinación, como si cada pisada estuviera meticulosamente preparada, engendrada para caer, firme, sobre el suelo.
La hierba bajo sus pies era suave, aún cálida con el sol último del día, que se hundía lentamente tras las montañas. No por eso dejó de correr. Aún dedicó más esfuerzos a doblar su velocidad. Él entero parecía quemar el aire a su alrededor.

De repente paró. Se detuvo bruscamente, resollando como un caballo. Apoyó las manos en sus rodillas, luego se estiró cuan largo era, cerrando los ojos y respirando profundamente. Y rio. Solo rio.



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Statues, Harry Potter and the Deathly Hallows OST

lunes, 11 de noviembre de 2013

En qué momento.

¿En qué momento dejas de pensar en ti pas du tout para dedicarte solamente al bienestar de otra persona, aún cuando tú te perjudiques y sufras a cambio de lo más mínimo bueno que puedas conseguir para ese alguien?

¿En qué momento te quedas con cara de bobo mirando la suya cuando te habla; en qué momento te sientes morir cuando te pide un abrazo con una (preciosa) sonrisa en la cara?

¿En qué momento sale el sol cuando ves que franquea la puerta corriendo porque llega tarde, para variar, o se te nubla el día porque hoy no tienes el gusto de ver cómo pasa por tu lado?

Creo que sé en qué momento, pero me da miedo hasta pensarlo.


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El Encuentro, Supersubmarina
(una de ésas canciones de grupos de moderneo que no te gustan)

domingo, 3 de noviembre de 2013

Eres, y me basta.

Eres una persona frágil, resbaladiza, leve, risueña, torpe y dulce.
Frágil porque se intuye en tus ojos claros, como si de cristales se trataran.
Resbaladiza porque tu piel es suave, y andar con mis dedos sobre ella es como patinar en terciopelo.
Leve por tu ligereza al andar, como si pudieras alejar una tormenta solo sonriéndole al cielo.
Risueña porque te duermes caminando y piensas que lo que sueñas es tu vida cuando tu vida para mí es un sueño.
Torpe porque te caes, pero siempre te acabas levantando.
Y dulce porque un azucarillo a tu lado amarga.

También eres una persona fuerte, decidida, cabal, hábil y... salada.
Fuerte porque una palmada tuya en mi espalda re-alinea mis vértebras.
Decidida porque quieres conseguir algo y al final obtienes más de lo que querías, porque lo merecías.
Cabal porque sueñas con cosas posibles.
Hábil porque de una caída haces un baile magistral.
Y salada porque le das el sabor a todo.


Pero sobre todo, eres, y con eso me conformo.
Eres, y me basta.



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Let her go, Passenger
http://www.youtube.com/watch?v=RBumgq5yVrA

miércoles, 3 de julio de 2013

Proyectos en el aire: música.

Todo el mundo tenía un sonido. 
La ciudad estaba dividida en distritos, en función del sonido que su alma proyectara. 
Formando un anillo más externo se encontraba el Distrito del Silencio. Se trataba de toda la gente que no sentía nada por la música. Tristemente, era el mayor de los cuatro, y sus calles eran grises, opacas, sin vida. Ningún sonido bello inundaba sus casas, ninguna canción flotaba en el aire. Sólo trabajaban en sus oficinas grises, viendo los días pasar.
Al traspasar el Distrito del Silencio se entraba en el nuevo, formando un anillo más interior, el Distrito de la Percusión. Nada más entrar en él, las calles, con sus adoquines color madera y sus farolas con forma de batuta, se podía sentir el ritmo, como si miles de corazones latieran al mismo son. Se trataba de gente honesta, verdadera. Sus ocupaciones eran básicamente la orfebrería y la carpintería.
Avanzando algo más se llegaba al Distrito del Aire. Las calles eran amplias, dejaban que el viento las recorriera veloz como el rayo. En él la gente respiraba la música, dejaban que fluyera por sus pulmones y llenara su instrumento musical, que él dijera por la persona lo que ella misma no era capaz de expresar. Se oían trompetas interpretando melodías tristes, o clarinetes cuyas notas bailaban con canciones alegres. Sus habitantes desempeñaban oficios con los que ayudar a los demás, ya fuera cuidando su salud o alimentándolos.
Pero era solo cuando se traspasaba el segundo nivel que se entraba al Distrito de las Cuerdas. Sus calles eran rectas, pero de vez en cuando giraban en intrincados círculos. La propia fisionomía del lugar delataba la volubilidad de sus habitantes. Si detenías tus pasos y dejabas la mente en blanco, podías captar ecos tristes de cello, pero también infartantes Prestissimos de violín, o dulces pulsos de guitarra. Esta gente no desempeñaba ningún trabajo útil. Y al mismo tiempo, el que posibilitaba todos los demás. Las Cuerdas soñaban.


~


Proyectos inacabados que algún día tomarán forma. Espero.
Ésta vez no añado ninguna canción. Que cada uno le ponga el sonido que quiera. O que no le ponga ninguno.

sábado, 15 de junio de 2013

Ohne Musik wäre das Leben ein Irrtum.

Adoro la música. Considero que es una de las pocas cosas en el mundo con poder suficiente como para sanar heridas emocionales, o incluso reabrirlas. Por eso mismo es un arma de doble filo, pero sabiendo usarla no tienes porqué cortarte.
Ya sea escuchada, o interpretada, nunca me cansaré de maravillarme con lo que puede despertar dentro de una persona. Pero no se puede explicar con palabras lo que se siente con ella. Por mucho que quieras expresarlo, definir algo tan abstracto como un sentimiento es prácticamente imposible, y más si ese sentimiento es un cruce de otros tantos: canciones que te emocionan y al mismo tiempo apenan, canciones alegres que al mismo tiempo te hagan sentir añoranza.
La vida es azarosa, y siempre, por h o por b, alguien puede hacerte daño, puedes tener un mal día... pero la música te cura. No importa lo mal que estés. Si quieres puedes escuchar una canción triste, llorar hasta quedarte seco, que te duela la cabeza y quedar completamente desahogado, o escuchar una alegre que borre tu mal día y te ponga una sonrisa en la cara.
Pero está el tercer tipo de canción. La que simplemente te sana, pero que ni te hace sonreír ni llorar. Esa es la canción perfecta, la que sólo se ocupa de cerrar la herida sin plantarte un humor que no sientes. La que te 'resetea'.
Ahí va mi reseteadora por excelencia:


Good enough, Evanescence
http://www.youtube.com/watch?v=Kw2Ic_2XdVQ



And I'm still waiting for the rain to fall.
Pour real life down on me.
'Cause I can't hold on to anything
this good enough.



Y... reset.

lunes, 6 de mayo de 2013

On my way.

Siguió andando, machacando el asfalto con unas zapatillas con la suela gastada y calentada por el sol implacable de las cuatro de la tarde. Hacía rato que había perdido la cuenta de los pasos que había dado, del tiempo que llevaba caminando. A pesar del sol, no tenía calor. Él mismo lo desprendía en oleadas que quemaban el aire que lo rodeaba. Caminaba, y caminaba.
Tan sólo se atrevía a enfrentarse a él el viento, inclemente. Lo despeinaba, le removía el pelo juguetón, como ése tío que todos tenemos que nos revuelve el pelo con la mano mientras ríe, pero siempre volvía a su posición, no importaba cuán fuerte fuese el soplido del aire. 
Siguió andando, esta vez dejando caer hacia atrás la cabeza, cerrando los ojos y confiando en su sentido del equilibrio para permanecer en la linea recta de la carretera que se extendía hasta el horizonte. El cielo estaba despejado. Ni una sola nube. Era de un azul límpido, profundo. Sólo el sol rompía su monotonía, como una piedra preciosa que reflejara la luz, engarzado en el firmamento. Dejó que su calor reemplazara al que emanaba de él.
Siguió andando. Volvió a agachar la cabeza y continuó, un paso tras otro, recorriendo esa carretera alejada de la mano de Dios. Bien podría estar rodeado de bosques, o de un páramo con algún que otro cactus y plantas bajas. Él no se daba cuenta de nada, sólo era consciente de las rayas blancas del pavimento que iba pasando. Una tras otra. Volvió a inclinar hacia atrás la cabeza, dando pasos mucho más patosos, cada vez más lentos, dejando que ellos mismos se enredaran uno con otro.
Hasta detenerse del todo. Decidió que podría abrir los ojos y dejarse quemar. Y lo hizo. No sabía qué lo rodeaba. Lo que sí sabía es que el camino continuaba, y él no veía el fin. Le quedaba mucho por andar.

~

Ride, Lana del Rey

viernes, 1 de febrero de 2013

Cartas para nadie.

Esta carta va dirigida a ti. A ti, que no sé si siquiera existes. A ti, que no sé si estás cerca, o en la otra punta del mundo.
No te conozco, pero sé que me gustan tus ojos. Tampoco conozco su color, pero sé que lo adoro, que podría perderme en ellos durante horas y no acabar de encontrarme nunca. También sé que no necesito espejos si los tengo, que no necesito mirarme en ningún otro sitio.
No sé como es tu boca, pero sé que tu sonrisa es como una cuna. Sé que tus palabras son como nanas, y que tu voz es tierna y suave, y fuerte, y ruidosa.
No he tocado tus manos, pero sé que son gentiles, que saben acariciar y hacerme venerar cada trozo de mi piel que roces.
No he visto tu pelo, pero sé que es como la hojarasca de un bosque en otoño. Sé que huele a tí, aunque no te haya olido, que huele a viento, y que huele a risas.
No he oído tu voz, pero sé que es pura. Sé también que es como música, y hasta los pájaros dejan de cantar para oírte hablar cuando pasas.
No he sentido tu piel, pero sé que es leve, que huele dulce y sabe salado, que podría recorrer con mis labios tu cuello, y yo también reiría con tu pelo al llegar tras tu oreja.
No te conozco, pero ya sé que te quiero.

~

http://www.youtube.com/watch?v=Ga8KbMcUfm8
Far Horizons, The Elder Scrolls V: Skyrim OST