Todo el mundo tenía un sonido.
La ciudad estaba dividida en distritos, en función del sonido que su alma proyectara.
Formando un anillo más externo se encontraba el Distrito del Silencio. Se trataba de toda la gente que no sentía nada por la música. Tristemente, era el mayor de los cuatro, y sus calles eran grises, opacas, sin vida. Ningún sonido bello inundaba sus casas, ninguna canción flotaba en el aire. Sólo trabajaban en sus oficinas grises, viendo los días pasar.
Al traspasar el Distrito del Silencio se entraba en el nuevo, formando un anillo más interior, el Distrito de la Percusión. Nada más entrar en él, las calles, con sus adoquines color madera y sus farolas con forma de batuta, se podía sentir el ritmo, como si miles de corazones latieran al mismo son. Se trataba de gente honesta, verdadera. Sus ocupaciones eran básicamente la orfebrería y la carpintería.
Avanzando algo más se llegaba al Distrito del Aire. Las calles eran amplias, dejaban que el viento las recorriera veloz como el rayo. En él la gente respiraba la música, dejaban que fluyera por sus pulmones y llenara su instrumento musical, que él dijera por la persona lo que ella misma no era capaz de expresar. Se oían trompetas interpretando melodías tristes, o clarinetes cuyas notas bailaban con canciones alegres. Sus habitantes desempeñaban oficios con los que ayudar a los demás, ya fuera cuidando su salud o alimentándolos.
Pero era solo cuando se traspasaba el segundo nivel que se entraba al Distrito de las Cuerdas. Sus calles eran rectas, pero de vez en cuando giraban en intrincados círculos. La propia fisionomía del lugar delataba la volubilidad de sus habitantes. Si detenías tus pasos y dejabas la mente en blanco, podías captar ecos tristes de cello, pero también infartantes Prestissimos de violín, o dulces pulsos de guitarra. Esta gente no desempeñaba ningún trabajo útil. Y al mismo tiempo, el que posibilitaba todos los demás. Las Cuerdas soñaban.
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Proyectos inacabados que algún día tomarán forma. Espero.
Ésta vez no añado ninguna canción. Que cada uno le ponga el sonido que quiera. O que no le ponga ninguno.