Eran dos extraños que se conocían muy bien. Podría sonar contradictorio, pero era tremendamente lógico.
Eran dos extraños que conocían los puntos flacos del otro. Sus miedos, sus problemas, sus sueños, sus anhelos más profundos.
Entre ellos había música. A ratos alegre, a ratos triste, más bien música melancólica la mayor parte del tiempo. Y era como si fuesen dos personas totalmente independientes, danzando en una sala vacía y a oscuras, guiando sus pasos a partir del ruido que hiciesen los del otro sobre la tarima de madera. En esa oscuridad se habían encontrado, habían entrelazado las manos y habían bailado meciéndose lentamente, dejando que se acompasaran sus ritmos, que sus pasos se armonizaran, que tan sólo fuera un único eco el que resonara en el salón oscuro y vacío.
Pero no siempre se baila al mismo ritmo, no siempre es la misma música la que suena en los oídos de ambos. Uno de los dos escuchó otra música discordante que rompía el eco de los pasos de ambos, así que soltó las manos de su acompañante y lo dejó atrás, sin importarle, buscando otras.
Ahí sigue el primer extraño. Dando vueltas, solo, escuchando el eco cada vez más distante de los pasos de su antigua pareja de baile.
Ahí sigue también la melodía perfecta que se escuchó en su día, resonando en el salón vacío, siendo escuchada por nadie. Diluyéndose como una gota de tinta en demasiada agua que acaba por perderse del todo.
***
O'Children - Nick Cave
https://www.youtube.com/watch?v=Q9dNZZVnO8k
Las memorias de una persona con pocos ratos libres que escribe lo que no es capaz de decir.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
lunes, 15 de septiembre de 2014
Cartas para nadie II
Querido alguien,
aún sigo conociendo sin saberlo a qué hueles, de qué color son tus ojos, cómo son tu pelo, tu voz, tu piel o tus manos. Sigo queriendo a todo eso sin haberlo oído, olido, visto, sentido o saboreado. Y sin embargo aquí sigo también quebrándome por dentro y encalleciendo por fuera. Queriendo encontrarte entre toda esa gente para oirte, olerte, verte, sentirte y probarte.
Aquí sigo queriendo llorarte, suspirarte, gritarte, reirte... de lloverte, nevarte, concentrarte, diluirte. De que me abapulees con solo hablarme, me enciendas, me apagues, me duelas. De dolerte. De sentir náuseas por pensar en no tenerte. De que me tiemblen las piernas y me ría y llore y grite por saberte cerca.
De... joder, ¡follarte! hasta que el somier se rompa, de que me folles aún estando roto. De ser una misma cosa. De entenderte como algo propio y mío. De mezclar tu sangre con la mía. De compartir, ¡no, de ser! tus penas y tus alegrías. De abrazarte, besarte y quedarme en tu boca, empujarte, aplastarte.
De que me aplastes, me deprimas, me excites, me arranques un sollozo o un gemido. Me retuerzas, me llenes, me colmes, me deshagas, me empapes, me derritas, me acometas, me embistas. De que me duermas y me sueñes como yo no duermo y me desvelo y te sueño despierto porque no te veo, no te huelo, no te escucho, no te como ni te bebo, no te siento. De que llegues como un rayo en la tormenta y me impactes. De que me electrices, me hieras, me ionices. Me oxides, me reduzcas. De que me gastes, me agotes.
De sentir que somos un todo. De comprender que eres algo inherente a mí. De saberme necesario, ¡no!, imprescindible, vital, doloroso, placentero. De ser el ombligo de tu mundo igual que tu serías el corazon del mio. De darte mis emociones, mis pensamientos. De que los ordenes, los cambies, los rompas, los unas.
De que me ayudes a ayudarme. De hacerte llegar lo todo que me haces cada día en cada instante. De odiarte y adorarte al mismo tiempo y sin término medio. De notarme débil, y fuerte. De asustarme, que te asustes. De que me arañes, me acaricies, me bendigas, me parta. De regocijarme por lo bella y cruenta y retorcida y amable y violenta y dulce que es la vida si la vivo contigo.
De masticarte, tragarte, subirte, bajarte, abrirte y cerrarte, leerte y escribirte con las palabras más bonitas del mundo. Que tu nombre sea para mí la mejor poesía, un analgésico y un afrodisíaco. Una melodía perfecta, un solo de guitarra, una nota a tiempo, un ritmo que rebota con el latir de tu corazón. Del mío. De los dos. Tu aliento mi aire. Tu calor, mi abrigo.
De todo, y de nada. De vivirte, y de morirte.
Pero ¿dónde estas, que no te encuentro? ¿Dónde te escondes, que yo no llego?
Anda, no tardes, que yo te espero.
Aquí sigo queriendo llorarte, suspirarte, gritarte, reirte... de lloverte, nevarte, concentrarte, diluirte. De que me abapulees con solo hablarme, me enciendas, me apagues, me duelas. De dolerte. De sentir náuseas por pensar en no tenerte. De que me tiemblen las piernas y me ría y llore y grite por saberte cerca.
De... joder, ¡follarte! hasta que el somier se rompa, de que me folles aún estando roto. De ser una misma cosa. De entenderte como algo propio y mío. De mezclar tu sangre con la mía. De compartir, ¡no, de ser! tus penas y tus alegrías. De abrazarte, besarte y quedarme en tu boca, empujarte, aplastarte.
De que me aplastes, me deprimas, me excites, me arranques un sollozo o un gemido. Me retuerzas, me llenes, me colmes, me deshagas, me empapes, me derritas, me acometas, me embistas. De que me duermas y me sueñes como yo no duermo y me desvelo y te sueño despierto porque no te veo, no te huelo, no te escucho, no te como ni te bebo, no te siento. De que llegues como un rayo en la tormenta y me impactes. De que me electrices, me hieras, me ionices. Me oxides, me reduzcas. De que me gastes, me agotes.
De sentir que somos un todo. De comprender que eres algo inherente a mí. De saberme necesario, ¡no!, imprescindible, vital, doloroso, placentero. De ser el ombligo de tu mundo igual que tu serías el corazon del mio. De darte mis emociones, mis pensamientos. De que los ordenes, los cambies, los rompas, los unas.
De que me ayudes a ayudarme. De hacerte llegar lo todo que me haces cada día en cada instante. De odiarte y adorarte al mismo tiempo y sin término medio. De notarme débil, y fuerte. De asustarme, que te asustes. De que me arañes, me acaricies, me bendigas, me parta. De regocijarme por lo bella y cruenta y retorcida y amable y violenta y dulce que es la vida si la vivo contigo.
De masticarte, tragarte, subirte, bajarte, abrirte y cerrarte, leerte y escribirte con las palabras más bonitas del mundo. Que tu nombre sea para mí la mejor poesía, un analgésico y un afrodisíaco. Una melodía perfecta, un solo de guitarra, una nota a tiempo, un ritmo que rebota con el latir de tu corazón. Del mío. De los dos. Tu aliento mi aire. Tu calor, mi abrigo.
De todo, y de nada. De vivirte, y de morirte.
Pero ¿dónde estas, que no te encuentro? ¿Dónde te escondes, que yo no llego?
Anda, no tardes, que yo te espero.
***
The Cinematic Orchestra, Arrival of the Birds & Transformation
https://www.youtube.com/watch?v=MqoANESQ4cQ
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