Él seguía corriendo por la ladera, dejando que el esmerado e
intrincado zigzag de sus trenzas se deshilachara al viento, hasta soltarse por
completo, liberando su pelo, que bramó, furioso, con la embestida del aire.
Rubio con reflejos rojizos, como fuego.
Sus pies descalzos hollaban la tierra con fuerza y con
determinación, como si cada pisada estuviera meticulosamente preparada,
engendrada para caer, firme, sobre el suelo.
La hierba bajo sus pies era suave, aún cálida con el sol
último del día, que se hundía lentamente tras las montañas. No por eso dejó de
correr. Aún dedicó más esfuerzos a doblar su velocidad. Él entero parecía
quemar el aire a su alrededor.
De repente paró. Se detuvo bruscamente, resollando como un
caballo. Apoyó las manos en sus rodillas, luego se estiró cuan largo era,
cerrando los ojos y respirando profundamente. Y rio. Solo rio.
***
Statues, Harry Potter and the Deathly Hallows OST
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